viernes, 5 de octubre de 2012

Psicoanálsis Y Literatura

PSICOANÁLISIS Y LITERATURA

 Apuntes de seminario 1997.

La escritura es, originalmente, el lenguaje del ausente; 
la vivienda, un sucedáneo del vientre materno, 
primera morada cuya nostalgia quizá aún persista en nosotros...
El Malestar en la cultura (1929).
Sigmund Freud.




Thomas Mann en su ensayo "Freud y el porvenir" afirma que el creador del psicoanálisis: "recorrió el duro camino de sus descubrimientos totalmente solo, en forma totalmente independiente, únicamente como médico y naturalista... sin percatarse del consuelo y sostén que le hubiese deparado la literatura." Empezaremos nuestro seminario de manera irreverente, expresando nuestro desacuerdo con tan genial escritor. Nos asombran incluso sus palabras pues ellas revelarían una lectura por demás parcial, sesgada e imprecisa de la obra del maestro vienés.

No lo demuestra así una lectura de las obras de Freud, ni siquiera del índice a vuelo de pájaro. Freud amaba la literatura. Allí está para demostrarlo el trabajo sobre "El delirio y los sueños en la Gradiva" (1907), primer ensayo que en su vuelo funda la crítica literaria de cuño psicoanalítico; el análisis sobre el cuento de Hoffmann: El hombre de Arena (Lo ominoso 1919); su trabajo minucioso sobre esa alma genial, tan luminosa como sombría que fue Fiodor Illich (Dostoievski y el parricidio 1927 - 1928) y por supuesto, sus polémicas afirmaciones sobre la obra shakesperiana (para los aficionados a los récords Guiness diré que el nombre de Shakespeare aparece nada menos que 42 veces en los textos de Freud), que tanto escándalolo producen al prestigiado Harold Bloom, quien ha llegado a afirmar en 
                                      
El canon de Occidente que la obra de Freud no es más que literatura de imaginación, que sienta su único valor en lo que habría retomado de la obra maestra del cisne de Avon. Y, ¿Por qué no?, no tengo objeción como psicoanalista en reconocer que el complejo de Edipo ha sido construido sobre Sófocles y Hamlet, lo que nos hace colocar al psicoanálisis como una extensión misma de la literatura, en cierto modo, como un pariente cercano y no siempre agradable, incluso incómodo… a veces, como una mosca en el plato de sopa.

El psicoanálisis está destinado a cambiar la perspectiva de comprensión de todo aquello que es humano. La lectura de una obra literaria, es el caso que ocupará nuestro seminario, alcanza nuevas significaciones, algunas de proyecciones sorprendentes, incluso que pudiesen considerarse ajenas a la intención original del autor. Es ineludible que el lector psicoanalista, psicoanalizado, o simple lector del psicoanálisis se pregunte ante una obra: ¿Pero: qué quiere decir con esto el escritor? Se adquiere una relación de intimidad, de asunción de la subjetividad de una obra, hasta antes desconocida. El producto estético, se transforma en: documento que trasciende la buena forma, que rompe las reglas del buen observar y del leer bien, tan propia del crítico de arte. La crítica de arte enseña el cómo escuchar Beethoven, cómo deleitarse ante la vista de un Rembrandt, cómo leer Joyce. cómo se interpreta Rachmaninov. Su posición se encuentra del lado de la certeza. Chesterton decía sobre esto, que la especialización conduce al absurdo, que llegaría el tiempo en que si alguien se atrevía a contar un chiste en un grupo, debería esperar que sólo uno se riesen, sólo aquel que hubiesen aprendido a abrir adecuadamente la boca, a mostrar los dientes y soltar una carcajada sonora, el resto de los oyentes debería guardar un respetuoso silencio ante la diestra ejecución de una risa.                                                                                                                                                                               

El psicoanalista irreverente, se atreve a decir del texto con audacia, a tocarlo, a interpretar, que es lo mismo que decir: transformar. El análisis literario que éste realiza, supone que más allá de un autor, se encuentra el discurso por el que éste es hablado y no me refiero aquí al discurso social o histórico del todo, sino al discurso del Inconsciente, un inconsciente que no es del todo social, ya hablaremos de ello. En resumidas cuentas, la frase: "Ça parle", de Lacan entonces, no puedo sino leerla: "Eso habla y quizá ante todo, también escribe". También una lectura psicoanalítica supone que hay una argamasa común de la que estarían hechos los seres humanos y que estaría formada por la angustia, no cualquiera, la angustia ante su propio deseo. ¿Es esto tan intragable para los críticos del psicoanálisis y sus excursiones en la literatura?

Reconocemos que el rompecabezas no es sencillo y se complica aún más cuando consideramos que Freud mismo es un autor. De acuerdo con Paul Ricoer, leer a Freud es hacer una "reconstrucción arquitectónica de la obra", "producir... un homólogo, es decir - en el sentido estricto del término - un objeto vicario que tenga la misma organización que su obra", en otras palabras, reformular su discurso en una alteridad. Jean Laplanche ha replicado con solidez que la inscripción teleológica de esa hermenéutica, "esa filosofía reflexiva", conlleva precisamente a todo aquello que Freud recusó y que se manifestó en la desviación junguiana de crear una hermenéutica de inspiración religiosa. Frente al problema que nos ocupa y que no es otro que el de la lectura, Michel Tort se expresa:

El verdadero problema de la lectura no consiste de ningún modo en expulsar toda interpretación, sino en construir una que sea rigurosa con el texto. ¿Qué es una lectura si no precisamente un movimiento de suspensión crítica respecto a una precomprensión, a una prelectura producida por la circulación misma de la obra y que se sustraen los sistemas móviles de los que cada concepto extrae su alcance y su sentido? ¿Qué es si no una ruptura con la inmediatez de las articulaciones de sentido propuestas explícitamente por el propio autor?

Por una cuestión de método, resaltemos desde un inicio la ilusión de que el psicoanálisis descubre que en esta angustia y ese deseo que se esconde detrás, se manifestaría en un lenguaje común, de que entre los seres humanos hay un Inconsciente colectivo, no hay sino transubjetividad y no comunidad espiritual. Hecho por otro lado, negado por la religión y esto lo digo no en contra de ella (...cómo desearía volver a creer en Dios, también desearía por cierto volver a tener dieciséis años.), sino para aclararles a aquellos que así lo piensan, que el análisis, no es una nueva religión o una forma refinada de chamanismo. No se trata siquiera, de vino nuevo en odres viejos, por supuesto que las palabras del psicoanálisis son anteriores a Freud, él mismo ha reconocido que son los artistas, poetas, escritores y dramaturgos quienes han intuido la existencia del inconsciente (Ahí están El Bosco y Archimboldo para demostrarlo). Más aún, palabras como interpretación, pulsión, represión y angustia ya estaban en la lengua cuando Freud las retoma. Se ha llegado a afirmar con cierta audacia incluso, que no hay un vocabulario propio del psicoanálisis. Pues sí, casi todas las palabras del psicoanálisis están tomadas del lenguaje común.

 El inédito de Freud se mide más bien por haber trastocado su significado, por haber redimensionado, justamente, el valor de esas mismas palabras para construir un sistema de interpretación del mundo que con su presencia ha cambiado el curso de la historia humana. Pero volvamos al tema...
La relación interdiscursiva psicoanálisis-literatura es en sí una relación tormentosa, pasional, con todas las vicisitudes de ese amor tan gozoso como confuso, posible de encontrar entre dos amantes ilícitos. Tomemos por caso a Gradiva, la rosa novelita de Jensen que tanto parece haber conmovido a Freud y que más adelante en el curso retomaremos. Se trata de una relación de equívoco en que el científico toma al otro, la otra en este caso, por lo que no es y paradójicamente en el capricho de este cruce imaginario, se basa la posibilidad de que el sueño se vuelva realidad. Que el amor pueda florecer, de esta manera no es extraño, más bien es lógico, lo que nos coloca en otra dimensión: todo amor se funda en un equívoco. Se trata también, de una relación de equívoco de Freud hacia Jensen, del psicoanálisis a la literatura, con todo: una relación. Es cierto que al inicio Freud la cultiva con un sólo fin, que no es otro, sino corroborar sus suposiciones teóricas acerca de la veracidad de sus construcciones, posición de la que el mismo Freud tratará de desplazarse más tarde. No deja de ser curioso, que una vez roto el romance entre ambos escritores - Freud incluso será invitado a casa de Jensen unos días - se pueda recoger del texto freudiano las siguientes palabras provenientes de su Estudio autobiográfico (1925):

En una pequeña novela, carente en sí de gran valor, La Gradiva, de W. Jensen pude demostrar que el sueño imaginado literariamente admite igual interpretación que el real, o sea, que en la producción del poeta actúan aquellos mecanismos que hemos descubierto en la elaboración onírica.

Por otro lado, ese juego de espejos es inevitable, al fin y al cabo ser mortal, es ser siempre imagen, pero evidentemente hay por supuesto grados, recovecos y callejones sin salida.

Nos viene también en este momento a la memoria, a fin de fortalecer nuestra postura, el encuentro fallido entre André Breton y Freud en las postrimerías de este siglo desfalleciente. El primero, encuentra en la Interpretación de los sueños, la fuente de inspiración de su trabajo. El segundo, todo un caballero burgués chapado a la antigua, lo imaginamos atento siempre a su correspondencia y leyendo con verdadera curiosidad los efectos de su Tramdeutung sobre un lector no avisado de que se trata de una obra, ¡científica!. Sabemos que Freud, habría leído Los vasos comunicantes y sostenido una breve relación epistolar con el poeta francés, interrumpida ante el airado reclamo de que el análisis de sus sueños, prescindía del elemento sexual que los sueños de sus analizantes le revelaban. Freud contesta al irreverente francés que un análisis completo hubiese sido imposible, pues hubiese exigido revelaciones desagradables acerca de las relaciones con su padre. Breton juzga su excusa inaceptable, probablemente esperaba más del descubridor del inconsciente, quizá más valentía, más sinceridad... más locura, pero: ¿no es eso más bien lo que se espera de un artista, un vértigo de verdad, una rebeldía indomable?. Breton quiere al inconsciente para abandonarse a él, Freud para domeñarlo. La definición de surrealismo acuñada en el Primer manifiesto surrealista (1924), manifiesta una lectura y una comprensión de Freud que trasciende las intenciones del profesor:

Surrealismo: Sustantivo masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.

El método surrealista surge de la lectura de Freud - también de Kraepelin, y otras figuras del novecento -, pretendiendo una exploración sistemática del inconsciente que no abandone la inspiración y que guie al viajero a la recreación artística, poética, de su deseo. Ambas posturas se asemejan, pero allí dónde se esperaría se juntasen, divergen. La liberación total del deseo nos dice el psicoanálisis: mata. La consecución sin límites del principio del placer - término, por otro lado, cuestionable y cuestionado desde la misma teoría - lleva a la locura.

René Crevel es un trágico y maravilloso exaltado que instiga al suicidio en masa, Robert Desnos atenta contra la vida de Elouard, Jaques Vachè induce a los otros a experimentar con opio, Artaud ... ¿sigo con la lista? Con el inconsciente no se puede tranzar o jugar, él es inmanejable. Las coincidencias entre las posiciones de Breton y las de Freud, sin embargo, existen. Ambos perciben bien que no hay delimitación precisa entre la locura y la razón - cosa que Erasmo bien sabía -, que las creaciones del artista tienen una profunda significación simbólica que le trasciende, que la renuncia al deseo en una sociedad represiva enferma, a pesar de todo persiguen fines distintos. Para Breton se trata de liberar al monstruo. Freud, como Ulises, cede ante la tentación de oír las sirenas pero no se atreve ni por un momento en dejar las cadenas.

Generalmente se acusa al psicoanálisis de reduccionismo, lectura pantológica, explicación descontextuada, ficción, etc. Popper le acusa junto al marxismo de pretender dar una explicación omnicomprensiva y clara de todos los fenómenos. Los analistas freudianos verifican en la clínica sus teorías, pero se debe a que sus previsiones sobre los acontecimientos se acomodan ad hoc sobre los eventos.
Las opiniones de Bloom y de Starobinski - que prometemos examinar con calma - sobre el particular, llegan a ser bastante duras también con nosotros los freudianos. El sentir general del crítico literario es que el psicoanalista atropella con la interpretación psicoanalítica la obra literaria. Incluso Susan Sontag - escritora genial - va más lejos y se vuelve contra toda crítica, sin importar su procedencia. Pero, volviendo al caso Breton: ¿No vemos a un literato abusar de sus lecturas psicoanalíticas, sobreinterpretar?. ¿Acaso hemos protestado los psicoanalistas? No parece así, incluso Freud ante la posibilidad de que el psicoanálisis pueda contraer lazos con otros discursos dice no sin cierto recelo cargado de orgullo en su citado Estudio autobiográfico :

En Francia han sido los literatos quienes primero se han interesado por el psicoanálisis. Se explica esto recordando que nuestra disciplina ha traspasado, con la interpretación de los sueños, las fronteras médicas. Entre su aparición en Alemania y su actual introducción en Francia han surgido sus diversas aplicaciones a los dominios de la literatura del arte a la historia de las religiones y a la Prehistoria, a la Mitología, la Etnografía y la Pedagogía, etc. Todas estas disciplinas tienen poco que ver con la ciencia médica y han sido precisamente enlazadas con ella por el psicoanálisis. No tengo, pues, derecho alguno a profundizar en esta cuestión; pero no puedo silenciarla, pues resulta indispensable para formarse una representación exacta del valor y de la esencia del psicoanálisis, y, además, la especial naturaleza de este trabajo, en el que me he obligado a exponer la obra de mi vida, me fuerza a tratar de ella.

La verdad es que nos hemos enriquecido con el exceso, con el éxtasis de la mezcla de tan variadas disciplinas. Y honor a quien honor merece, han sido precisamente los surrealistas los que introdujeron el psicoanálisis en Paris y llevaron a ese joven médico de nombre Lacan, a tomar contacto con la locura desde una perspectiva descentrada de los emblemas de la Razón.
Por otro lado, tengamos en cuenta que la objeción de Breton al trabajo de Freud es un poco injusta. A pesar de lo enormemente personal que es la Tramdeutung, Freud nunca estuvo dispuesto a establecer ningún pacto autobiográfico con el lector, no hay intención de desarrollar un estudio psicológico de sí mismo, un autoanálisis público. La princesa Marie Bonaparte (literatura ella misma: tataranieta de Lucien, el hermano de Napoleón, y esposa del príncipe Jorge - hermano menor de Constantino I rey de los helenos, y primo carnal de Christian X de Dinamarca, analizante en principio de Freud, después su amiga y mecenas, amante de Rudolph Lowenstein - por cierto: analista de Lacan - y para acabar pronto según el diagnóstico de René Laforgue: una neurótica obsesiva grave), compró en 1936 la correspondencia Freud - Fliess, memoranda de una tortuosa amistad y un conmovedor trabajo de análisis , vendida por la viuda de Fliess en apuros, dejando a Freud verdaderamente aterrado y manifestó su deseo de que fueran destruidas. La testarudez en este caso de la princesa salvó los valiosos documentos hoy básicos para comprender a fondo el psicoanálisis y su parto doloroso. Freud objetaba para su conservación que no quería que pasaran a la posteridad, pues encerraban:

...Todas las nociones y desviaciones erróneas propias del psicoanálisis más primitivo, [y] en este caso son también totalmente personales.
Carta a M. Bonaparte del 10 de enero de 1937.

Sólo la testarudez de la princesa obsesiva se atrevió a oponerse en este caso al querido maestro, tomando el bando del historiador. Gesto único y que hace a la vocación por la sinceridad propia del psicoanalista. Desgraciadamente, en la Librería del Congreso de los Estados Unidos se encuentra correspondencia e información sobre la vida de Freud salvaguardada quizá para siempre.

En este sentido, literariamente queda atrás de los textos de Rousseau, Nietzche, Sartre, Gide e incluso Henry Miller; si describe sus sueños es con la mera finalidad de exponer su método de desciframiento de lo inconsciente, de conquistar lo irracional, en realidad, el proyecto del psicoanálisis así visto, resultaría bastante conservador en términos generales. Es bien sabido que la Viena de principios de siglo era un hervidero de nuevas tendencias científicas, filosóficas y artísticas. Se trata de la ciudad donde podrían haberse cruzado en la calle: Alban Berg, Otto Wagner, Wittgenstein, Kafka, Egon Schiele, etc. Pero, para Freud es mejor Mozart que Schönberg (más todavía, sabemos bien que no era amante de la música - lo que no obsta para que se halla escrito un libro de un título tan atípico como: Freud y la ópera - como lo confesaría a Jeanne Lampl-de-Groot), preferible Hansum que Musil, Leonardo que Klimt. Freud detesta a los lunáticos, en una carta a Oscar Pfitzer su discípulo pedagogo-pastor-psicoanalista le dice: En la vida real... sólo veo el daño que pueden hacer. Al empezar a analizar la personalidad de Dostoievski - a quien sin duda admiraba -, deja caer como loza una afirmación tan contundente como:

En la rica personalidad de Dostoievski podemos distinguir cuatro facetas: el poeta, el neurótico, el moralista y el pecador. ¿Cómo orientarnos en esta intrincada complicación?

¿Pero, se trata acaso de escoger? ¿Puede uno quedarse sólo con una parte del artista? ¿No acaso es el mismo su obra, y en parte por su vida misma, reflejada en su arte es que nosotros podemos deleitarnos ante un Van Gogh, Picasso o sumergirnos en la lectura de Kundera, Lowry o Bukowski? El problema es la estética y su dilema que hoy se encuentra en una crisis profunda.
La verdad es que por momentos él mismo retrocede con temor ante su descubrimiento, hay cierta belleza romántica - incluso el psicoanálisis mismo ha sido visto por Albert Beguin como un hijo del romanticismo - en este gesto, que nos recuerda el Nuevo Prometeo de Mary W. Shelley, donde el creador llega a abominar de su hijo. Sigmund también, se asemeja aquí a Cristóbal que piensa haber llegado a las Indias y desconoce la trascendencia del nuevo continente que descubre . No es del todo así, exagero, concepciones que incluso no pueden ordenarse cronológicamente tales como la teoría del fantasma, pulsión, transferencia, compulsión a la repetición, escisión del Yo y la pulsión de muerte, nos dicen que éste comprendió que había dado a luz - no hay parto sin dolor -, una ola negra que invadirá hasta los puertos más seguros.

Con todo, imaginemos a Freud complaciente con sus visitantes, dejándose retratar a lápiz por el mismísimo demonio de Dalí, invitado en 1938 a la residencia Freud, nada menos que por Stephan Zweig . Inconsciente - ¡curioso adjetivo para nombrarle! - de que su obra funda las bases de existencia de un nuevo arte, simplemente se porta condescendiente, en búsqueda de un lugar de reconocimiento, de legitimación para su hijo.

Un día 6 de mayo, al cumplir 80 años de edad, todavía en Viena, justo antes de su exilio en 1938, Thomas Mann le entrega una carta de felicitación que reúne los parabienes de escritores y artistas, entre otros la firmaron Herman Broch, Salvador Dalí, André Gide, Hermann Hesse, Aldous Huxley, James Joyce, Paul Klee, Robert Musil, Picasso, H. G. Wells y la sublime Virginia Wolf No está de más decir que en ese reconocimiento había de por medio un agradecimiento, la obra de Freud les ha proporcionado a todos ellos una nueva forma de percibirse, de compenderse, lo que equivale también a una metamorfosis que les hará advenir a otras formas de creación.

Parece innegable, por otra parte, que a medida que fueron más conocidos los conceptos psicoanalíticos y la teoría del inconsciente, algunos escritores fueron introduciendo deliberadamente nociones psicoanalíticas a sus obras para iluminar las motivaciones psicológicas de sus personajes, llegando algunos a crear lo que casi se podría denominar un nuevo género: la novela clínica, prima hermana de la literatura inagurada por Freud mismo a través de sus cinco casos clínicos.

¿Cuánto le deben a Freud: Murakami (Nota 2009), Mishima, Cortázar, Paz y Fuentes? Es quizá una pregunta que ni los escritores mismos puedan responder. Existe aún un prejuicio que considera a la literatura y al novelista mismo, como un ser extraordinario, como un símil de Zeus que pare a su obra de su cabeza, de dónde ella saldría armada como Palas Atenea, perfecta merced a un engendramiento milagroso que no la hace producto de ninguna fecundación. La obra así dispuesta, estaría determinada a enfrentarse al mundo terreno, vulgar y estúpido. Es una concepción distorsionada de la realidad del escritor, más aún del escritor moderno. No cabe duda de que toda una generación de nuevos escritores españoles - por citar sólo un ejemplo -, como Perez Reverté, el grande Juan José Millás o José María Merino deben explícitamente su trabajo (de primera calidad) a una lectura detenida de la obra de Freud. ¿Y por qué no habría de ser así? ¿ La literatura es acaso el(la) arte entre las artes? Lo plantearé de otra manera. Por ejemplo: ¿Qué espacio le reservan Uds. al cine en relación a la literatura? ¿Poco, mucho?... por supuesto nada es imposible de decir. Pues bien ahí tienen a Bergman, Hitchcock, Houston, Tarkowsky, Buñuel otra vez, Wim Wenders, los Cohen, Lynch, y Woody Allen, deudores de Freud, cuya obra no sería posible, sin la obra de nuestro tan llevado y traído autor.
Por supuesto, vuelvo sobre el punto. La relación no ha sido siempre fructífera, pero: ¿Se embaraza uno a la primera vez? No piensen mucho en la respuesta. La misma relación conflictiva ha sido la del cine con el psicoanálisis. Freud desconfió del cine y su poder seductor.

Y los analistas se han portado de manera bastante grosera ante un problema que francamente se les ha resbalado la mayoría de las veces de entre las manos.
Bergler4 sostiene que el escritor, bajo la presión de sentimientos inconscientes de culpa, en sus escritos expresa las defensas que ha desarrollado contra sus deseos prohibidos y fantasías, y que, aun cuando el hecho de escribir es exhibicionista, sus tendencias primarias son voyeuristas, constituyendo así sus escritos una defensa contra un voyeurismo profundamente reprimido (traducción: temprano interés en la observación del coito de los padres). Brill5 asegura que "...algunos poetas no avanzan mucho más allá de las primeras y últimas fases orales", y cree que, en el caso del artista: "la fase preedípica ha sido la más importante para su desarrollo".
Posiciones como esta hacen decir a Starobinski6 :

Esta superioridad concedida al (... en este caso: psicoanalítico...) esta manera de reducir al poeta a no ser sino proovedor de una , que elucidará la exégesis, parece implicar voluntad de descalificación de la palabra poética en beneficio de la palabra razonada de la psicologia. Bajo este aspecto, el poeta no es sino productor de sueños y de fantasmas, con los mismos títulos que el soñador, el neurótico o el primero que llegue.

Y añade:

Es una pobre compensación añadir que si el psicoanálisis despotiza el arte, poetiza sin embargo la vida cotidiana y habla a su manera de una poesia , ya que todo el mundo sueña...

Tiene razón Starobinski, una crítica literaria desde el psicoanálisis que considere al artista como a un enfermo neurótico y a la obra de arte como un síntoma no puede ser sino estupidez aplicada. Pero justamente a esto Freud le llamaba: el Análisis salvaje (1910). Por otro lado, las críticas como que identificarían tal mecanismo y tal etapa del desarrollo de la libido o calificarían a la actitud de un personaje o escritor como voyeur , nos dan la sensación de ser pobres y expresar simple sentido común. No se nesecita ser psicoanalista para decir que Süskind ha retratado en El perfume a un personaje narcisista con fijaciones preedípicas y estacionado en la etapa anal. Ese es un juego de obviedades insustancial, gratuito. Refleja el entusiasmo por un evoluciosmo darwiniano al que si bien Freud era afecto, su obra leída desde Lacan, toma distancia. El descubrimiento esencial de Freud es que no hay integridad, sustancialidad de roca del alma humana (o del Yo para utilizar un término freudiano), el camino hasta Análisis Terminable e Interminable (1937). Su obra, nos muestra de manera clara como después de haber levantado las capas sucesivas impuestas por la sociedad y las convenciones, eso que nos hace tan nítidos y formales ante el espejo, se llega a la roca viva que es la castración. Pero esa roca viva es una verdad sin fondo, un mar sin sentido que nos enfrenta con la pulsión de muerte y lo único que Freud encuentra es que la terminación del análisis se convierte en un problema práctico en el que el analista debe asegurarse que su paciente quede en las mejores condiciones psicológicas posibles para vérselas con la vida. Evidentemente, la labor interpretativa del analista no puede ir hasta el fondo, pues curiosamente no hay ninguno. Ya en Malestar en la cultura (1929) frente a las inquietudes de los filósofos y religiosos acerca del sentido de la vida, afirmaba que nadie se hacía la misma pregunta por la vida de los animales y no por ello se perturbaban en absoluto.

Un escritor no es más o menos neurótico, más o menos psicótico, por el hecho de escribir, de la misma manera tampoco puede negarse que las inquietudes de sus personajes reflejen sus propios conflictos inconscientes y que sus actitudes ante la vida y preocupaciones se vean traspuestas a su obra. También puede suceder, que un escritor trate de liberarse de su infierno interno a través de la escritura estableciendo una distancia con su propio mundo interior. La escritura por otro lado, no asegura una revelación auto-curativa de la que pueda obtener alivio un autor, como el sólo hablar una y otra vez de sus problemas, no libera al neurótico de su sufrir. Existen innumerables casos de escritores que encontraron poco alivio en su arte, digamos: Poe, Baudelaire, etc. Confesarse al escribir no necesariamente ahuyenta los propios fantasmas sino que incluso puede reavivarlos. Existe también otra posibilidad a considerar, el lenguaje de la locura hecho transcripción. Podría decir Bernhardt, sin quizás cometer un abuso del todo, Lacan mismo se ha interrogado una y otra vez acerca de Joyce y la función que en él cumple la escritura.


18 comentarios:

  1. “…la obra de Freud no es más que literatura de imaginación”
    Me parece interesante el análisis que se plantea en el texto sobre la relación entre la literatura y el psicoanálisis, ya sea como un discurso detrás de ella o como un método de análisis.
    Tomando en cuenta que como dice Chesterton “la especialización conduce al absurdo”, creo que es evidente que lo que plantea el autor no es una reducción de la obra literaria sino más bien un enriquecimiento de ésta. Por lo que entiendo no se trata pues de pensar que el psicoanálisis busca reducir la literatura a los problemas psicológicos del autor tomando su obra únicamente como un síntoma, sino de prestar una herramienta que enriquece el análisis, tomando en cuenta que cada obra habla de su autor (de manera consciente e inconsciente).
    Lo mismo podríamos decir de la obra de Freud, si la vemos como una serie de principios irrefutables puede parecernos reduccionista mientras que si pensamos en ésta como una forma más de interpretar la realidad parece enriquecer más que reducir. Los términos que Freud utiliza para entender el mundo son tomados de otros autores, para ser transformados creando un lenguaje propio, así como serán después tomados del lenguaje de Freud por otros autores para crear otra manera de ver el mundo.
    Me parece importante decir también que si estamos en el acuerdo de que no existe una sola manera de interpretar la realidad (o bien un texto), resulta que la variedad de interpretaciones será siempre bienvenida.
    En este sentido, la literatura, ( así como la realidad), es una interacción, un diálogo que se crea en la relación del texto y el escritor o del texto y el lector. Así, pueden existir tantas historias como personas que las crean o que las interpretan. Al escribir o leer un cuento, una novela y en realidad cualquier texto vamos creando una versión distinta a la que se plantea, dándole una nueva lectura, Bruner dice: “es como si, para que una historia fuera buena, hubiera que hacerla algo incierta, abierta de algún modo a lecturas alternativas, sujeta a los caprichos de los estados intencionales, indeterminada.” .
    De esta manera, las diferentes interpretaciones siempre enriquecen la historia, no la limitan. Tener diferentes puntos de vista no solo es inherente al ser humano, es lo que nos permite comprender la cultura, al otro, e incluso a nosotros mismos. Geertz diría “la humanidad es variada en su esencia como lo es en sus expresiones”, nos movemos en un mundo de diversidad, de posibilidades ilimitadas, en el que la realidad nunca es lo que es sino lo que alguien quiere que sea.

    Ma. Fernanda Aragón

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  2. Mientras leía este texto, no dejaba de pensar en un libro que leí hace tiempo cuyo nombre no recuerdo que hablaba sobre este tema poniendo el cuadro “The Starry Night“ de Van Gogh como ejemplo. El autor decía que en este cuadro en especifico se podían ver dos de sus problemas psicológicos reflejados: la depresión y la bipolaridad (especifico que estos dos solamente, pues se dice que tenia trastornos de personalidad, trastorno bipolar con episodios de depresión e hipomanía, epilepsia, y también esquizofrenia paranoica.) El autor decía que las rayas rectas formando figuras curvas en esta pintura reflejan el vaivén en el que se encontraba el pintor y que incluso en alguno de sus diarios Van Gogh escribió que se sentía en un mar sin salida, que todo era un subir y bajar sin control.
    Me pareció interesante compartirles esto por lo que se menciona en el texto sobre que los autores reflejan una parte de ellos en sus obras inconcientemente.

    En relación a lo que dice Starobinski sobre que el psicoanálisis despotiza el arte pero que poetiza la vida cotidiana, yo creo que el psicoanálisis más que despotizar el arte pretende explicar algo que para muchos es inexplicable. El arte no es como la ciencia, en la que si sigues un procedimiento igual muchas veces obtendrás el mismo resultado (2+2 siempre resultará 4). Un pintor o un escritor puede hacer el mismo ritual cada vez que se prepara para comenzar una obra de arte, incluso usar los mismos colores, y la obra siempre será diferente. Creo que el psicoanálisis (en este caso) pretende explicarnos el por qué de esto.

    En relación al tema que se habla en el texto me parece que una carrera como la nuestra es muy interesante e importante saber la relación que hay entre la literatura y el psicoanálisis.

    Montserrat Simó Ramos

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  3. Freud señalaba: "Quizás hemos brindado una genuina caricatura de la interpretación atribuyendo a una inocente obra de arte tendencias que su autor ni vislumbraba, con lo cual no habríamos hecho sino volver a demostrar cuán fácil es hallar lo que uno busca y de lo cual uno mismo rebosa"

    Definitivamente el autor plasma una parte de su inconsciente en la obra, es por esto que se puede analizar desde ciertos elementos la personalidad o parte de ella del mismo autor; ya que la obra nos indica que no esta sometida su lectura a juicio del espectador.
    A partir de la muerte del autor surge intertextualidad en la cual quitan el significado para enriquecer el significante, sin contraponer una idea con la otra.
    Para finalizar mi comentario, en lo personal no creo que exista una sola interpretación a todo lo que vemos y todo lo que leemos, si no una ramificación que enriquece el significado.

    Katia Arballo

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  4. El tema fundamental es la mente y aquí me surgen unas preguntas: ¿Cómo estudiar la mente desde la mente? ¿Qué son los conceptos? ¿No son, en realidad, una forma de expresión de la mente misma?

    Lo que valoro mucho en Freud es el hecho de que para entender la mente y darnos claridad en el tema tuvo, inevitablemente, que conocerla de cerca, y eso es, conocerse a sí mismo y darnos un entendimiento a partir de lo que él experimentó con su humanidad. Aunque tenía una visión científica del tema, me parece (y aquí estoy de acuerdo con lo que retoma y comenta Fer) que el análisis psicoanalítico no pretende reducir una obra, sino enriquecerla con un punto de vista más de los tantos que existen (tantos como seres humanos).

    Dicho esto quiero entrar, particularmente, a algunos asuntos que trata el artículo y me llaman la atención:

    - ..."una crítica literaria desde el psicoanálisis que considere al artista como a un enfermo neurótico y a la obra de arte como un síntoma no puede ser sino estupidez aplicada" Totalmente de acuerdo, quizá existe cierta locura evidente en el arte mismo (característica irresistible para algunos "médicos de la mente" portadores de la bandera de la salud), ya que, el arte en sí, no es más que un simulacro, quizá percepciones u opiniones (no siempre racionales) en un marco paralelo a lo que se conoce como "realidad".

    -"El verdadero problema de la lectura no consiste de ningún modo en expulsar toda interpretación, sino en construir una que sea rigurosa con el texto." Quizá el único rigor necesario, es la interpretación de un texto a partir de la locura y resonancia de quién lo quiere interpretar, no por eso se excluye la utilización de un lenguaje común para interpretarla (ya sea estético, psicológico, religioso, científico, etc) muy útil para entendernos y compartir nuestras percepciones con los otros.

    - "Breton quiere al inconsciente para abandonarse a él, Freud para domeñarlo." Aquí me siento igual de identificado con ambas posturas, según el autor, Breton quiere al inconsciente para abandonarse a él, y aquí añado: abandonarse de una forma consciente, ¿no es eso, pues, una forma de dominarlo?, también me pregunto ¿se puede experimentar una división entre uno y otro, o son sólo conceptos para entenderlos de forma más clara?

    En fin, creo que el tema da para mucho, y que entre más se puedan integrar todos los "filtros" y herramientas para entenderla y vivirla, más rica es la experiencia ante una obra, el debate es muy amplio y muy interesante, incluso imposible de resolver, ya que ficción-realidad (literatura-psicoanalisis) son caras de la misma cosa; la naturaleza humana.

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  6. Creo haber comprendido el sentido “abierto” del texto, en tanto que nos presenta al psicoanálisis como una posibilidad más de “lectura” del arte y en paticular de la literatura.

    Sólo me gustaría agregar que, a mi parecer, como sucede con cualquier herramienta poderosa; la teoría psicoanalítica en las manos equivocadas puede ser peligrosa; es decir, puede reducir el panorama en lugar de ampliarlo. De esta forma, no es raro escuchar detractores del psicoanálisis —en el terreno del análisis literario— con argumentos perfectamente válidos.

    Por ejemplo, en “Contra las buenas intenciones” (Ediciones Tumbona, México, 2000) Antonio Ortuño asegura: "Escribir no es mostrarse sino ocultarse y mutar. El confesionario es cosa de beatas y de curas. La literatura es la forma extrema de la mentira: es reveladora pero en ningún caso exhibicionista. […] ¿Por qué creer que las minucias biográficas de un autor, sean los dientes sucios de Chesterton o las olorosas axilas de Susan Sontag, conducen al entendimiento estético de una obra o pueden sustentar un comentario crítico?"

    Indudablemente tiene razón; pero sólo en parte. Pensemos en una obra biográfica o de carácter epistolar; la comprensión en un sentido más amplio de las situaciones descritas estará condicionada al conocimiento previo del personaje y su contexto. En algunos casos menos específicos, por ejemplo en la narrativa —novela, cuento, ensayo— podremos encontrar ecos de “la persona” en la perspectiva y el estilo de “el autor”; que al final del día habitan inevitablemente el mismo cuerpo.

    Incluso cuando la obra parece no revelar nada del autor, lo hace al ocultarlo; Marcel Proust en su ensayo póstumo “Contre Sainte-Beuve” (1954) asegura que "un libro es el producto de otro yo distinto a aquel que manifestamos en nuestras costumbres, en la sociedad, en nuestros vicios". Curiosamente, en “En busca del tiempo perdido”, Proust nos habla detalladamente de cómo vivió su homosexualidad.

    Tomemos un respiro y decidamos entonces que tan importante es para nosotros qué tanto trasciende la obra al escritor, quién es la persona detrás del autor, quiénes son sus personajes: preguntémonos mejor ¿para qué leemos? Y la respuesta nos llevará tan lejos como necesitemos ir en el análisis de la literatura.

    Dicho análisis sólo podrá hacerse desde nosotros y con lo que “traemos a cuestas”; porque a fin de cuentas uno ve lo que puede o quiere ver —la diferencia entre querer y poder será el estado de autoconciencia—; pues citando al mismo Freud al hablar de la contratransferencia: "cada psicoanalista sólo llega hasta donde se lo permiten sus propios complejos y resistencias interiores". Así que: mantengámonos abiertos.

    Para terminar, me gustaría recomendar una lectura fantástica: “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” de Oliver Sacks (Anagrama, España, 1985). Un compendio de casos neurológicos muy peculiares que caminan plácidamente entre la llana historia clínica del paciente y la literatura de personajes entrañables.

    Emilio Romano

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  7. Si pienso, como la misma lectura propone en ¿qué buscaba el autor? Puedo contestar que, tal como dice el Blog, es una provocación para nosotros (siento que hay tanto que no conozco y tanto que me falta por leer). Pero lo vuelvo a pensar y me doy cuenta de que esa es interpretación mía. Así que estoy un poco confundida.
    Creo que todo aquello que se dice acerca del artista y su similitud al neurótico (al “enfermo neurótico“ que el texto señala, no al neurótico que vimos en clase) no necesariamente es verdad. Bien dijo Lalo, el arte es un marco paralelo a la realidad, y yo creo que se alimenta no sólo del inconsciente de uno mismo, sino de lo que hay en esa realidad. Después, se le suma la interpretación del receptor, con el filtro de su propio juicio, de sus experiencias y de sus referentes... Así que el resultado no sólo depende del artista, el neurótico podría ser el receptor.
    De aquí viene mi confusión... Al leer un texto y pensar en el mensaje que el autor quería dar, ¿qué tanto de lo que concluimos es, en efecto, el mensaje del autor y qué tanto es lo que nosotros queremos ver?
    En cuanto a la relación del psicoanálisis y la literatura, me parece que son dos cosas que van de la mano. Yo también creo que Freud se alimentó de todo este mundo que estaba retratando los deseos y las ambiciones humanas (es muy claro en los textos de Shakespeare, no por nada lo admiraba tanto), y así como el se inspiró en el arte, el arte se inspira en su legado, en un lenguaje nuevo, en una puerta que se abrió para dejar ver las cosas desde otro lugar. Estando la puerta abierta, el mundo y las personas no cambiaron, sino que cambió este “filtro“ (que ya comentaron) y se descubrieron cosas. De esta manera, el arte pudo crecer, alimentándose de este nuevo filtro.

    Y he de confesar, que para mí, es un filtro que siento completamente desconocido, pero después de leer esto, pienso que quizás no está tan lejano...

    Tamara Vallarta

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  8. Me parece que el texto es muy convincente y sin duda me hace pensar que el psicoanálisis es una herramienta estupenda para analizar el arte (en éste caso, la literatura, o en el nuestro, el cine). Aun así, también soy de las que puede suponer que el psicoanálisis solo es una herramienta, una manera de ver las cosas, dentro de muchas otras. Esto lo veo más desde la perspectiva de actriz y de creación de personaje. Una maestra alguna vez nos dijo que no viéramos a nuestro personaje desde el punto de vista psicoanalítico, ya que existía la posibilidad de que lo estuviéramos sometiendo a un juicio más que ver el mundo desde su punto de vista. No quiero decir con esto que el psicoanálisis sea una mala herramienta para tratar de entender a nuestros personajes. Más bien es un poco lo que dice Emilio; tenemos que saber y conocer nuestros límites para no caer en la trampa. Sin duda el psicoanálisis, como bien lo dice el autor, es una herramienta importante y llena de descubrimientos que ha sido respaldada por años y años de vigencia, y que nos puede enriquecer muchísimo. Aun así, tal vez debamos dejar un espacio para la 'magia'; algo que va más allá de lo 'científico' pero que no por eso deja de hablarnos desde un lugar muy profundo.

    Dicho esto, también quiero agregara que me emociona mucho la idea de adentrarme en el mundo del psicoanálisis. Estoy segura que más que hablarme del arte, del autor, de los personajes, de los seres humanos, me hablara de mí.

    Ximena Romo

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  9. “El producto estético, se transforma en: documento que trasciende la buena forma, que rompe las reglas del buen observar y del leer bien, tan propia del crítico de arte.” En este sentido me parece que Freud nos señala que no existen reglas para tener un buen entendimiento del arte ya que cada uno de los espectadores encuentra su propia certeza a este producto estético, tendríamos como bien se mencionaba en el texto, un problema de la lectura del producto, que no es el hecho de interpretarlo, sino de construir una que sea rigurosa con lo expuesto.
    Esto nos lleva a reflexionar en la manera que Freud retoma conceptos (significantes) previamente utilizados por poetas, escritores, entre otros, y a los cuales les amplió el significado e implementó una nueva forma de ver el mundo. Y sobre todo que a nosotros como actores nos da otra perspectiva de análisis diferente y con mucha más profundidad. Se agradece entonces la testarudez de la princesa Marie Bonaparte por conservar la correspondencia de Freud, la cual éste advertía que eran erróneas y primitivas.
    Es interesante la manera en que aborda la relación entre psicoanálisis y literatura y la forma de exponer a los autores en tanto a la revelación de lo consiente e inconsciente. Creo que este paralelismo entre la realidad y arte agregándole la interpretación hacia el “significado” del significante expuesto, del receptor o interlocutor es lo que hace la crítica, mostrando varias facetas del autor en tanto a estilo, forma, contenido, en un solo producto es interesante descubrir que era o que quería decir éste con ciertas palabras, frases, trazos, etc., y mostrar que el arte nunca se verá únicamente de una manera ya que el filtro del receptor, sea neurótico o psicótico, será el que influirá a su percepción.

    Tabata Campos

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  10. Este texto me ha revivido una gran curiosidad que desde hace mucho tiempo me eh preguntado. ¿Se puede dominar el inconsciente?, o simplemente debes dejarte ir; recuerdo haber escuchado en la adolescencia, que el psicoanálisis o los psicoanalistas, a parte de verlos como locos te invitaban a su locura, que en resumidas cuentas es el simple hecho de pensar mas allá de lo que uno en la cotidianidad piensa, y saber que tu tienes la respuesta no digo que sea verdad pero defiendes tu verdad, es confuso como hasta ahora.
    Y en este texto al llegar a lo que Breton y Freud pensaban: “Breton quiere al inconsciente para abandonarse a él, Freud para dominarlo”, y al leer a todos solo se me vino una frase del buen Freud. "Sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio."
    Gracias a la autenticidad de pensamiento, existen teorías, se modifican y se crean.

    Aldo Hernández González .

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  11. ‘‘no tengo objeción como psicoanalista en reconocer que el complejo de Edipo ha sido construido sobre Sófocles y Hamlet’’

    Esta fue la frase del texto que más resonó en mí. Es evidente que tanto Shakespear como Sófocles tenían una clara sabiduría en cuanto a que todo ser humano guarda en sí un universo desconocido. Creo, por otro lado, que la intuición innata de saber que hay un mundo misterioso (y hasta me atrevo a decir que ilógico o caótico) dentro de cada ser humano no es exclusiva de escritores y artistas sino que pertenece, en mayor o menor medida, a cada ser humano. En mi opinión Freud le dio voz a aquello que todos intuimos pero que nadie nunca se había decidido a nombrar. Freud le puso nombre a aquello que todos sabemos pero jamás habíamos decidido mirar.Tal vez por miedo a mirar un mundo luminoso y obscuro y del que es difícil escapar una vez que somos conscientes de él.
    Esto me lleva a pensar que el psicoanálisis es una herramienta que nos permite explorar terrenos desconocidos o poco explorados por lo que expone una visión por demás diferente y novedosa. Así pues cada materia y cada disciplina analiza desde aspectos diferentes y puntos de partida distintos. En este sentido opino que el psicoanálisis vino a añadir una nueva perspectiva de análisis a los textos. Podemos por un lado tener un análisis de texto a partir del estilo, de las ideas políticas, histórico y muchos otros. Cada punto de partida viene a contarnos la historia desde diferentes lugares más no creo que estén peleados entre sí. Todo depende desde donde queremos mirar el cristal.
    Ahora bien, si se trata de desacreditar algún tipo de análisis puedo decir que ningún análisis es del todo objetivo. El análisis surge de la interpretación del ser humano que la realiza. En mi opinión ningún hombre posee una objetividad total y de la misma forma ningún análisis puede poseerla. Con la lectura de este texto me sorprende leer los comentarios de mis compañeros y darme cuenta de que cada quien resonó con cosas distintas y decidió comentar desde aspectos diferentes del texto, esto en mi opinión, demuestra que cada quien mira con ojos distintos y desde diferente puntos de vista a pesar de tratarse de un texto en común.

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  12. La relación entre la literatura y el psicoanálisis que se plantea en el texto me parece muy interesante, al implicar como base esencial la naturaleza humana.
    De cierta manera, en la literatura se encuentran plasmadas fibras y condiciones humanas que resonarán en mayor o menor medida por sus lectores, de manera consciente o inconsciente.

    Lo que me parece muy interesante del psicoanálisis en la intervención o relación con la literatura es justo que, creo yo, se deshebran fibras y se revelan “secretos” contenidos en las obras. Por un lado, puede ser sumamente transgresivo encontrar porqués de las sensaciones que provocan las obras, pero por otro lado, estas revelaciones pueden ayudar a una mayor apertura y a una transformación radical en la percepción de la obra.

    Y para mi no se atropella una obra con el análisis, sino lo contrario, se encuentran orígenes y da sentido. En el texto se menciona, “aún que se levanten las capas sucesivas impuestas por la sociedad y las convenciones, se llega a la roca viva que es una verdad sin fondo, un mar sin sentido que nos enfrenta con la pulsión de la muerte”. “No se llega al fondo, porque no hay tal”. Pero supongo que desnudar las propias convicciones y estar dispuesto a renovarlas, sin duda, permite un estar en la vida más dispuesto y con mayor aceptación a su flujo incesante.

    Adriana Leal

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  13. El internet me desconectó y se borró todo lo que puse. Así que me he enojado porque como era una opinión pues quien sabe tanto había dicho.
    Lo único que tengo que decir al respecto de esto es que, según esta perspectiva del psicoanálisis, nunca podremos encontrar un verdadera postura en relación a una opinión: y digo opinión porque, al fin y al cabo, cualquier obra de arte o lo que sea que haga el ser humano, tendrá muchos filtros. Bueno, tal vez la ciencia no. ¿Se considera al psicoanálisis como una ciencia?
    Con tantas figuras que han tenido influencia de Freud, parece que lo exaltan como una figura imprescindible en la contemporaneidad, pero lo cierto es que, ¿quién no tiene influencias del pensamiento occidental, por lo menos en nuestro continente, ya sea Freud o quien sea?

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  14. En un sentido muy amplio estoy de acuerdo con la percepción sobre la crítica/análisis de la literatura desde la teoría psicoanalítica: Estamos en un terreno subjetivo dado que la información que sometemos a juicio llega a través de los sentidos y es interpretada a partir de nuestros referentes; pero además el terreno es complicado porque el objeto de estudio es el arte (literario en este caso).

    Ahora bien, imagino a Galileo diciendo que la tierra es redonda y provocando un gran escándalo. Bueno, la ciencia vino luego y lo comprobó. Imagino a Freud hablando de nuestros deseos más secretos provocando un escándalo igual. Lo imagino no teniendo más que conjeturas y casos clínicos que los escépticos calificarían, a lo sumo, de coincidencias.

    Y está bien. La ciencia, el arte y todo lo que registremos como cultura es sólo una forma de asimilar nuestra realidad. Ninguno de estos métodos de asimilación puede poseer todas las respuestas ni es infalible. ¿Buscan panacea? Prepárense para una búsqueda eterna; pero sin duda muy divertida.

    Esta "provocación" como dice Sabina, es eso: alguien dejo una puerta abierta, una invitación. Entremos, revisemos con la mente abierta y sigamos buscando más maneras de apreciar el arte. Eso nos ayudará porque creo que los actores debemos estar abiertos a ver el mundo desde todos los ojos posibles, para poder ver después desde los ojos de todos nuestros personajes.

    Francisco Rueda Becerra.

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  15. Es muy interesante leer lo que a todos nos ha hecho reflexionar, por alguna extraña razon a mi me vino a la mente justo el momento de investigacion de "la enfermedad de la juventud" fue ahi dónde más he leido de Freud y descubrir la corriente tan fuerte del Tanatos de esa época y la manera en la que todos estos personajes estaban envueltos completamente en una energía autodestructiva me hace ver cómo es que atraves de la literatura, pensando en los autores; dejan salir sus propias interpretaciones desde el inconciente y lo más interesante y curioso es que de esta manera es que veo unidos el arte y el psicoanalisis; pues en gran medida cuando nos sentimos conmovidos en alguna obra de arte, la que esta sea, es sin duda por que de manera conciente o inconciente nos sentimos relfejados, y es asi que puedo ver lo entre lazados que estan ambas ramas, pues tanto el psicoanalisis cómo el arte (desde mi punto de vista) estan destinados a cambiar prespectivas. Y ya por último me parece que ambos se remiten a lo más básico como lo menciona al inicio del texto un "inconciente colectivo" que va mas allá del inconciente social y justamente me parece que entonces ambos se estan acercando a las fibras más humanas y las pasiones que ya sea de manera controlada o libre, habitan en todos los seres humanos.

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  16. NOTA: (Amigos he de decirles que no sabía que para poder publicar mi comentario debía crear un perfil, así que cuando intenté publicarlo...¡todo se borró! Así que intentaré recordar todo lo que había puesto...)

    Creo que definitivamente la lectura toca mucho puntos esenciales en los seres humanos, ya que habla de nuestro inconsciente, y de cómo cualquier texto escrito lo revela, pues sin darse cuenta, el autor plasma en sus palabras sus más íntimos deseos. Como dice Berger "Cuando el autor escribe bajo presión de sentimientos inconscientes de culpa, en escritos expresa sus defensas contra los deseos prohibidos y fantasías.
    Para nosotros, la conciencia y exploración del inconsciente nos va a servir mucho en la carrera, pues las nociones psicoanalíticas, son para iluminar las motivaciones psicológicas del personaje. Y finalmente el inconsciente nos habla de la intimidad, necesidades y deseos del personaje; su esencia.
    El texto me invitó a tener más sed,y sí, a cambiar mi perspectiva, pues muchas veces me quedo en la primera impresión, y creo que siempre hay que buscar sacarle más jugo a las cosas, hasta llegar al punto en el que se revelen todos los por qués. Me gustó que se planteara al psicoanálisis como otra manera de percibirnos y de comprendernos.
    Me pareció interesante el saber que antes que Freud, los artistas fueron los primeros en intuir la existencia del inconsciente, pues en efecto, cuando actuamos, revelamos los deseos de los personajes.
    Por otro lado, me gustó la definición que le dieron al surrealismo, pues dice que es el funcionamiento real del pensamiento sin intervención de la razón; y sin querer lo relacioné con lo que me gustaría hacer en algún personaje, simplemente hacer.

    Mayte De Samaniego García

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  17. Me metí a investigar un poco más de Freud, y me gustaría compartírselos:

    Represión: Estos pensamientos y sentimientos (al igual que los recuerdos asociados a ellos) no pueden, según sostuvo, ser expulsados de la mente, pero sí pueden ser expulsados del consciente para formar parte del inconsciente, manteniendo lo reprimido su efectividad psíquica y retornando en forma de alguna de sus producciones.
    el proceso de la represión es en sí mismo un acto no consciente .

    YO, ELLO Y SUPERYÓ

    El Ello representa las pulsiones o impulsos primigenios y constituye, según Freud, el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Contiene nuestros deseos de gratificación más primitivos.
    El Superyó, la parte que contrarresta al Ello, representa los pensamientos morales y éticos.
    El Yo permanece entre ambos, y actúa mediando entre nuestras necesidades primitivas y nuestras creencias éticas y morales. No es sinónimo de la consciencia (existen partes del Yo que son inconscientes). Un Yo saludable proporciona la habilidad para adaptarse a la realidad e interactuar con el mundo exterior de una manera que represente el mejor compromiso entre los deseos y mociones pulsionales del Ello y las demandas restrictivas o punitivas provenientes del Superyó.

    EROS/TÁNATOS
    Eros o pulsión de vida, una pulsión sexual tendente a la preservación de la vida.
    Tánatos o pulsión de muerte. Esta última representa una moción agresiva, aunque a veces se resuelve en una pulsión que nos induce a volver a un estado de calma, Principio de nirvana o no existencia, que basó en sus estudios sobre protozoos (Más allá del principio de placer).

    Freud también sostuvo que la libido madura en los individuos por medio del cambio de su objeto. Argumentó que la sexualidad infantil es "polimórficamente perversa", en el sentido de que una gran variedad de objetos pueden ser una fuente de placer. Conforme las personas van desarrollándose, van fijándose sobre diferentes objetos específicos en distintas fases:
    1. Fase oral, ejemplificada por el placer de los bebés en la lactancia.
    2. Fase anal, ejemplificada por el placer de los niños al controlar sus esfínteres.
    3. Fase fálica. Propuso entonces que llega un momento en que los niños pasan a una fase donde se fijan en el progenitor de sexo opuesto (complejo de Edipo) y desarrolló un modelo que explica la forma en que encaja este patrón en el desarrollo de la dinámica de la mente. Cada fase es una progresión hacia la madurez sexual, caracterizada por un fuerte Yo y la habilidad para retardar la necesidad de gratificaciones.
    4. Período de latencia, período en que se desarrollan fuerzas psíquicas que inhiben el impulso sexual y reducen su dirección.
    5. Fase genital, surge en la adolescencia cuando maduran los órganos genitales. Hay un surgimiento de los deseos sexuales y agresivos.

    Mayte De Samaniego García

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